Los comienzos

ANDREW TAILOR STILL (1828 – 1917)

Nació en Lee Country, Virginia. Mostró interés por la anatomía desde temprana edad y se sabe que, en su etapa adolescente se dedico a diseccionar animales que habían muerto por disparos. Mediante un proceso de aprendizaje, cierta intuición y automotivación, se hizo médico fronterizo. Durante la guerra de Secesión, sirvió como capitán en el ejército de al Union. Utilizó sus conocimientos médicos para ayudar a los heridos y, de esta manera, siguió aumentando sus conocimientos anatómicos.

En 1864, tras presenciar la muerte de sus hijos por meningitis y sentirse impotente para ayudarlos, comenzó a buscar un abordaje alternativo de la asistencia sanitaria. Experimentó con el magnetismo y el mesmerismo, pero el resultado final de esta búsqueda fue la creación de la osteopatía. El 22 de junio de 1874 propuso un modelo diferente de tratamiento y diagnóstico en el que participaba principalmente el sistema osteomuscular, si bien reconocía la enorme importancia de la irrigación sanguínea en la función o disfunción humana, así como el concepto de inmunidad natural, o la capacidad intrínseca del organismo de autoregularse y curarse a sí mismo.

Andrew Taylor Still no se consideró osteópata hasta 1889. Antes de este momento, se consideraba “sanador magnético” o “manipulador de huesos relajante”. Es posible que el Dr Still no fuese consciente durante algún tiempo de que había inventado algo diferente de la sanación y de la manipulación osea.

En 1892, había fundado la American School of Osteopathy (ASO) en Kirkville, donde enseño filosofía y tratamiento osteopático. Still era consciente de la necesidad de diferenciar la osteopatía como entidad independiente de la medicina y, aunque las estatutos de la escuela permitían obtener el título distintivo de diplomado en osteopatía (DO). Siguió trabajando como osteópata y profesor durante toda su vida y fue testigo del florecimiento gradual de la osteopatía hasta su fallecimiento en 1917.

Principios de la osteopatia

Los principios descritos en esta sección son fundamentalmente los ideales que el osteópata intenta buscar en su visión de la salud y de la enfermedad. Debe tenerse en cuenta que la osteopatía no es una mera combinación de medicina occidental y de manipulaciones y por tanto, estos principios, no sólo deben ser aplicados a la manipulación propiamente dicha, sino también al cuidado de la salud global de paciente.
Los cuatro primeros principios fueron establecidos por el Kirksville College of Osteopathic Medicine en 1953. El resto, fueron publicados en el Journal of American Osteopathy en 1981:

El ser humano no funciona como una serie de partes independientes, sino como un todo. Dicho todo está obviamente formado por diferentes partes, todas trabajando para el beneficio del organismo en su totalidad. El mecanismo de unión entre las diferentes partes viene dado por la fascia (tejido conectivo). Los sistemas músculo-esquelético y nervioso contribuyen a la comunicación y a la locomoción, mientras que los sistemas arterial, venoso y linfático favorecen la nutrición de los tejidos y la eliminación de sustancias tóxicas.
Cualquier parte del cuerpo cumple una función que viene marcada por su propia estructura. Así, y a modo de ejemplo, la forma de las costillas, su relación con las vértebras dorsales o con el esternón, unido a la movilidad de los músculos de la respiración determina la manera en que la misma funciona. Por tanto, la estructura gobierna la función. Por otro lado, la función puede modificar la estructura, ya que por ejemplo un exceso de uso de un determinado tendón puede acabar comportando cambios en el hueso en el que se inserta.
El individuo tiende al equilibrio de sus sistemas. Existen numerosos mecanismos de tipo neuronal, hormonal, vascular, etc. a partir de los cuales el cuerpo puede regular sus funciones de manera no consciente.
Es sorprendente que la enfermedad no aparezca con más frecuencia si tenemos en cuenta que en nuestro entorno hay infinidad de elementos patógenos, irritantes, y muchas sustancias tóxicas. La primera línea de defensa se encuentra en la piel y en las mucosas, dónde existen sistemas para detectar y negar la entrada a elementos nocivos para el cuerpo. Si dicha defensa es superada, el sistema inmune humoral y celular se activa para proteger al organismo de elementos potencialmente nocivos. Por su parte, el aumento de la temperatura (regulado por el Sistema Nervioso Central) puede aparecer como respuesta a la aparición de elementos patógenos y lo hace para inhibir la reproducción de microorganismos, dando tiempo a la respuesta inmune a actuar. Por otro lado, hay que tener en cuenta que una temperatura excesiva (fiebre) puede llegar a ser perjudicial para el individuo.

El cuerpo tiene a su vez la capacidad de repararse y eso lo vemos con frecuencia en el caso de heridas, esguinces o fracturas y lo realiza de entrada mediante mecanismos de adaptación. Dicha adaptación es clave en la función del cuerpo y puede llegar a ser extraordinaria en determinados momentos. Así, en el caso de una disfunción de un riñón, el riñón sano pasa a cumplir las funciones del otro doblando prácticamente su carga de trabajo.

La enfermedad es una interacción entre la persona y los medios interno y externo y sucede cuando se superan los mecanismos de defensa o de adaptación a una situación. La causa puede ser una alteración de la estructura o de la función que impida dicha adaptación. Además, la suma de factores lesionales o patógenos multiplica la dificultad para superar los mismos.
El tratamiento manual osteopático no se menciona en estos principios. Cuando A.T.Still anunció su filosofía en 1874 no mencionó la manipulación y de hecho, parece ser que no empezó a utilizarlas hasta 5 años después como herramienta diagnóstica y de tratamiento. La manipulación es sólo un aspecto de la filosofía osteopática y no necesariamente el más importante. De todos modos, reconocer la importancia del componente somático de la enfermedad hará más útil dicha manipulación.